Cuando el cuerpo puede descansar: la relajación profunda durante un proceso de salud

por | 11/09/2026

Hay momentos en la vida en los que descansar no resulta tan fácil como parece.

Puede ocurrir cuando recibimos un diagnóstico que no esperábamos, cuando comenzamos un tratamiento médico o cuando llevamos tiempo conviviendo con dolor, preocupación o incertidumbre.

La mente está pendiente de lo que ocurre y el cuerpo también lo nota.

Podemos dormir peor, respirar de forma más superficial, acumular tensión en los hombros, en la mandíbula o en el abdomen, sentirnos más cansados o tener dificultades para desconectar.

No es simplemente una cuestión de actitud.

Nuestro organismo tiene mecanismos naturales para responder ante situaciones que percibe como una amenaza o una exigencia. Y cuando esa activación se mantiene durante mucho tiempo, puede resultar cada vez más difícil volver a un estado de calma.

Por eso, aprender a relajarnos profundamente puede ser una forma de cuidarnos especialmente valiosa en determinadas etapas de la vida.

No para sustituir un tratamiento médico.

Sino para acompañarnos mientras lo atravesamos.

Cuando al cuerpo le cuesta salir del estado de alerta

Nuestro sistema nervioso autónomo participa en la regulación de muchas funciones que suceden sin que tengamos que controlarlas de forma consciente, como la respiración, el ritmo cardíaco, la presión arterial o la digestión.

Cuando tenemos que afrontar una situación exigente, el organismo aumenta su nivel de activación. Es una respuesta normal y necesaria.

El problema no está en que nuestro cuerpo se active.

El problema puede aparecer cuando permanecemos demasiado tiempo en ese estado y nos cuesta volver a la calma.

Una enfermedad, un tratamiento, el dolor, la incertidumbre o la preocupación pueden hacer que permanezcamos durante mucho tiempo pendientes de lo que está sucediendo.

Y entonces puede ocurrir algo que muchas personas conocen bien:

el cuerpo está cansado, pero no consigue relajarse.

Queremos descansar, pero seguimos en tensión.

Queremos dormir, pero la mente continúa funcionando.

Queremos tranquilizarnos, pero no sabemos cómo hacerlo.

En esos momentos, quizá no sea suficiente con decirnos que tenemos que estar tranquilos o intentar pensar en positivo.

A veces necesitamos aprender a reconocer la tensión y descubrir cómo volver, poco a poco, a un estado de mayor calma.

Relajarse no significa simplemente estar quieto

La relajación profunda es algo más que sentarse o tumbarse.

Podemos estar completamente quietos y, sin embargo, mantener mucha tensión en el cuerpo.

Los hombros siguen elevados.

La mandíbula permanece apretada.

La respiración es superficial.

La mente continúa anticipando lo que puede ocurrir.

Aprender a relajarnos implica empezar a reconocer estas pequeñas tensiones y dejar de mantenerlas cuando ya no son necesarias.

La respiración también puede ayudarnos en este proceso.

La investigación sobre la respiración lenta ha observado cambios en diferentes parámetros cardiovasculares, como la frecuencia cardíaca y determinados indicadores de variabilidad de la frecuencia cardíaca, relacionados con la regulación del sistema nervioso autónomo.

Esto no quiere decir que todas las personas respondan de la misma manera ni que una determinada técnica produzca siempre los mismos efectos.

Pero sí nos muestra algo interesante:

la forma en la que respiramos y el estado en el que se encuentra nuestro cuerpo están relacionados.

Y podemos aprender a prestar atención a ello.

¿Por qué puede ser importante cuando estamos atravesando un momento difícil?

Cuando estamos pasando por una situación de salud complicada, gran parte de nuestra atención se dirige hacia aquello que nos preocupa.

Las pruebas.

Las citas médicas.

Los resultados.

Los síntomas.

El tratamiento.

Lo que pueda ocurrir después.

Es comprensible.

Pero también puede ser importante encontrar momentos en los que esa atención pueda descansar.

Unos minutos en los que no tengamos que resolver nada.

En los que podamos sentir el cuerpo sin juzgarlo.

Respirar con naturalidad.

Percibir dónde estamos acumulando tensión.

Y permitirnos estar tranquilos durante un rato.

Esto no cambia un diagnóstico ni sustituye la atención sanitaria.

Pero puede formar parte de una manera más amplia de cuidar nuestro bienestar mientras atravesamos una etapa difícil.

La investigación sobre diferentes técnicas de relajación y respiración ha estudiado sus posibles efectos sobre aspectos como el estrés, la ansiedad, el sueño y algunas variables fisiológicas. Los resultados son favorables en determinados contextos, aunque dependen de la técnica utilizada y de las características de cada persona.

Y hay algo más que también considero importante.

Cuando conseguimos encontrar momentos de calma, podemos sentirnos de otra manera dentro de nuestro propio cuerpo.

No porque la situación haya cambiado.

Sino porque nosotros podemos afrontarla desde un estado diferente.

No necesitas creer en la energía para practicar Chi Kung

Esta es una de las cosas que considero importante explicar cuando una persona se acerca por primera vez al Chi Kung.

Quizá hayas oído hablar del Qi, de la energía o de otros conceptos propios de la tradición china.

Puede que te interesen.

O puede que tengas tus dudas.

No pasa nada.

No necesitas tener una determinada creencia para empezar a practicar.

Puedes comenzar por algo mucho más sencillo:

sentir tu cuerpo.

Observar tu respiración.

Reconocer dónde aparece la tensión.

Aprender a realizar un movimiento sin esfuerzo innecesario.

Permanecer quieto y observar qué ocurre.

Y descubrir qué sucede cuando dejamos de hacer fuerza donde no hace falta.

La práctica puede empezar ahí.

La relajación es una parte esencial del Chi Kung

En el Chi Kung que enseño, relajarse no significa dejar el cuerpo completamente suelto ni perder la estabilidad.

Significa aprender a diferenciar entre el esfuerzo que necesitamos y la tensión que no necesitamos.

Mantener la postura sin rigidez.

Moverse sin forzar.

Respirar de manera natural.

Y mantener una atención tranquila sobre lo que está sucediendo en el cuerpo.

Con la práctica, vamos aprendiendo a reconocer ese estado de mayor relajación.

No se trata de buscar una sensación concreta ni de conseguir relajarnos perfectamente desde el primer día.

Es un aprendizaje progresivo.

Aprendemos a escuchar el cuerpo y a percibir pequeños cambios que antes quizá pasaban desapercibidos.

Una práctica complementaria, nunca un sustituto de la medicina

Cuando hablamos de personas que están atravesando un problema de salud, hay algo que quiero dejar claro.

El Chi Kung no sustituye un diagnóstico, un tratamiento médico ni las indicaciones de los profesionales sanitarios que llevan cada caso.

Tampoco debe utilizarse como alternativa a la atención médica.

Puede practicarse como una actividad complementaria orientada al bienestar, teniendo en cuenta las circunstancias y limitaciones de cada persona.

En determinadas situaciones puede ser conveniente consultar previamente con el profesional sanitario correspondiente y adaptar la práctica a las necesidades individuales.

Desde esta perspectiva, no necesitamos presentar el Chi Kung como una solución para una enfermedad.

Su valor puede estar en algo mucho más sencillo:

ofrecer un espacio para respirar, sentir el cuerpo y recuperar momentos de calma en medio de una etapa que puede resultar difícil.

Cuando el cuerpo encuentra un poco de calma

A veces pensamos que cuidarnos consiste en hacer algo más.

Buscar otra solución.

Añadir otra actividad.

Intentar controlar lo que nos ocurre.

Pero también existe otra forma de cuidarnos:

parar.

Respirar.

Sentir.

Descansar.

Y aprender, poco a poco, a reconocer cuándo nuestro cuerpo está haciendo un esfuerzo que ya no necesita hacer.

La relajación profunda no sustituye a la medicina.

Pero puede formar parte de una manera más amplia de cuidar nuestro bienestar y de acompañarnos en las diferentes etapas de la vida.

Y quizá uno de sus aprendizajes más importantes sea este:

no siempre necesitamos hacer más.

A veces necesitamos aprender a estar de otra manera en nuestro propio cuerpo.

Ese puede ser uno de los caminos que nos ofrece el Chi Kung.

Para profundizar

La investigación científica continúa estudiando los efectos de diferentes técnicas de respiración y relajación sobre el sistema nervioso, el estrés y el bienestar.

Algunas referencias utilizadas para este artículo:

Laborde, S. et al. Effects of voluntary slow breathing on heart rate and heart rate variability: A systematic review and a meta-analysis.

Shao, R., Man, I. S. C. y Lee, T. M. C. The Effect of Slow-Paced Breathing on Cardiovascular and Emotion Functions: A Meta-Analysis and Systematic Review.

Organización Mundial de la Salud. Global Traditional Medicine Strategy 2025–2034.

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